Todos conocemos muy bien el relato de la rebelión que tuvo lugar en el jardín de Edén. De hecho, estamos sufriendo las consecuencias de la desobediencia de Adán. Por más que nos empeñamos en hacer bien las cosas, siempre cometemos errores por los que tenemos que pedir perdón a Dios. Hasta el apóstol Pablo se lamentó: “Lo bueno que deseo no lo hago, pero lo malo que no deseo es lo que practico. [...] ¡Hombre desdichado que soy!” (Rom. 7:19, 24). Nuestros primeros padres cometieron la insensatez de rechazar el gobierno de Dios y elegir el de “la serpiente original, el que es llamado Diablo y Satanás” (Rev. 12:9). Adán escuchó a su esposa y comió también del fruto prohibido. Así perdió su relación perfecta con Dios y nos sometió a todos al cruel yugo del pecado y la muerte. La humanidad entera quedó bajo la dominación de un rey rival, “el dios de este mundo”, Satanás (2 Cor. 4:4, Biblia de Jerusalén; Rom. 7:14). w10 15/8 1:1, 3, 4
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Por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado (Rom. 5:12).
Iniciado por:
TextoDiario
, Jan 28 2012 06:49 AM
1 reply to this topic
#1
Escrito 28 January 2012 - 06:49 AM
#2
Escrito 28 January 2012 - 01:25 PM
Tal defecto hereditario, o pecado, no es observable a través del microscopio. “Pecado” es la deficiencia moral y espiritual que hemos heredado de nuestros primeros padres, y conlleva efectos físicos. No obstante, la Biblia revela que Dios ha proporcionado un remedio. El apóstol Pablo expresa: “El salario que el pecado paga es muerte, pero el don que Dios da es vida eterna por Cristo Jesús nuestro Señor” Evidentemente, Jesucristo desempeña un papel clave en la eliminación del pecado y la muerte. Dios mandó a Jesús a la Tierra para que sacrificara su vida y así pagara el precio del rescate. ¿Que estamos dispuestos hacer por Jesús?
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