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Respeten a los que trabajan duro entre ustedes y los presiden en el Señor y los amonestan (1 Tes. 5:12).


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#1
TextoDiario

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Para poder presidir bien la congregación, los ancianos han de analizar en conjunto cuáles son las necesidades de esta y cómo atenderlas. Tal vez nos preguntemos si no sería más sencillo que solo uno de ellos tomara todas las decisiones. No obstante, los superintendentes de la actualidad siguen el ejemplo del cuerpo de ancianos que gobernaba a la congregación en el siglo primero. Cuando se reúnen, escuchan las opiniones de todos y examinan las Escrituras con el objetivo de encontrar principios aplicables a las necesidades de su congregación. Cada uno contribuye al éxito de dichas reuniones consultando de antemano la Palabra de Dios y las instrucciones del esclavo fiel. Claro, todo esto lleva su tiempo. Y, como ocurrió en el siglo primero con el debate sobre la circuncisión, a veces tienen diferentes opiniones y les cuesta llegar a un consenso. En tales casos, siguen analizando el asunto hasta que logran tomar una decisión basada en la Biblia (Hech. 15:2, 6, 7, 12-14, 28). w11 15/6 4:11, 13

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#2
enguedi

enguedi

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El comentario escribió:
...a veces tienen diferentes opiniones y les cuesta llegar a un consenso.

 

 
*** w08 15/3 págs. 5-6 párrs. 15-16 Estemos dispuestos a ceder y seamos equilibrados ***
Uno de los requisitos que deben cumplir los superintendentes es el de ser flexibles. Pablo escribió: “El superintendente, por lo tanto, debe ser [...] razonable [o “flexible, dispuesto a ceder”]” (1 Tim. 3:2, 3). Esto es especialmente necesario cuando se reúnen para tratar asuntos de congregación. Antes de tomar decisiones, cada uno puede expresarse libremente, aunque no hace falta que todos opinen. Después de escuchar los principios bíblicos que se citan en la reunión, algún anciano podría cambiar de opinión. Así es, en vez de cerrarse a las ideas de los demás y aferrarse a puntos de vista personales, el anciano maduro cede. Es probable que al principio haya opiniones distintas, pero la oración y la reflexión, junto con una actitud modesta y flexible, promoverán la unidad entre los ancianos (1 Cor. 1:10; léase Efesios 4:1-3).
El superintendente cristiano debe esforzarse por respetar las directrices divinas en todo lo que hace. Esta actitud también es necesaria cuando pastorea el rebaño, pues le ayuda a tratarlo con consideración y amabilidad. El apóstol Pedro exhortó: “Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia, no como obligados, sino de buena gana; tampoco por amor a ganancia falta de honradez, sino con empeño” (1 Ped. 5:2).

"Pero los que estén esperando en Jehová

recobrarán el poder. Se remontarán con alas

como águilas. Correrán, y no se fatigarán;

andarán, y no se cansarán.”

(Isaías 40:31)


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